LÍA
El espejo del camerino estaba iluminado por las luces que lo adornaban a su alrededor. Mis manos temblaban un poco mientras ajustaba el corsé dorado contra mi cintura.
— Respira, Lía, respira —. Me susurré a mí misma, tragando saliva mientras me miraba de frente, con los labios recién pintados de rojo y el delineado de ojos afilado como mi sarcasmo. Mis ojos tenían un aspecto gatuno y me habían esmerado en el maquillaje, ya que yo sería la cantante y bailarina principal.
No era la primera ve