DALTON
Jamás en mi vida pensé que estaría tan agradecido de ver a mi madre en bata de plumas rosas, cantando rancheras y preparando huevos pochados como si estuviera en la final de MasterChef. Pero ahí estaba, moviéndose por la cocina con una energía sospechosamente desbordante, mientras Lía y yo la mirábamos como si acabáramos de descubrir a un panda tocando el piano en el refri.
Por dentro, sentía el corazón desbocado y la mente enredada. Habíamos pasado la noche buscándola como locos, con el