—Daniel, gracias por todo, es el mejor día de mi vida — lo escuchó decir en un emocionado susurro, que apenas sobresalió entre todas las voces y risas.
—Ni siquiera ha comenzado, ¿cómo va a ser el mejor día?
—Es que todo esto es muy bonito y no puedo sentirme más feliz. Eres el mejor novio.
—No soy el mejor, tonta, soy el único. Dijiste que no había habido nadie antes, porque no ha habido nadie, ¿verdad?
Serena sacudió la cabeza y se quebró en risas, pegándose más a su lado. Las latas de alcoho