Pero eso también se sentía muy bien. La vio reírse y colocar su mano sobre la suya, pasando su dedo índice repetidas veces sobre sus fríos nudillos.
—Daniel.
—¿Hum?
Esquivó unos cuantos autos y recortó el camino metiéndose por la otra vía, que mostraba cientos de negocios y gente moviéndose de un lado a otro con sus bolsas de compra. Como no escuchó respuesta, se volvió hacia ella, dándole otro apretón a su rodilla.
—¿Qué sucede? ¿Pasa algo?
Frenó en seco al percibir el tráfico que se había acu