Inhaló profundamente y su cabeza volvió a golpear la puerta con suavidad, mientras sus manos adoptaban la posición correcta y su rostro adquiría un semblante de seriedad y concentración. Sus labios se entreabrieron y presionó su dedo índice sobre la tercera cuerda.
—Es algo misterioso, no, es algo extraño. Podría ser una enfermedad. No tengo fuerzas en mi cuerpo, no puedo controlarlo. Estos síntomas malos aparecieron después de conocerte —las cuerdas dejaban escapar un sonido imparcial, que se