Nada detendría sus pasos, absolutamente nada.
Giró hacia la derecha, sin prestar atención a la luvia que caía sobre su cabello y le empapaba toda la camiseta y se filtraba hasta llegar a tocar su piel. Siguió corriendo hacia adelante, observando cómo los diversos transeúntes se giraban a mirarlo con extrañeza en sus miradas y los conductores le lanzaban una serie de insultos que no le irritaban en absoluto.
—Imbécil, cruza con cuidado, ¿o quieres que te mate?
Quizá, en otras oportunidades, hubi