Camila no reaccionó de inmediato.
Se quedó ahí, con la puerta entreabierta, mirando a su padre como si su presencia fuera una extensión del caos que llevaba dentro. Su corazón seguía acelerado, pero ya no por lo que acababa de pasar con Leandro… sino por lo que sabía que estaba a punto de venir.
—¿Me vas a dejar pasar o vamos a hablar en la puerta? —preguntó él, con tono seco.
Camila dudó un segundo.
Pero se hizo a un lado.
—Pasa.
Su padre entró sin esperar más, con esa forma de moverse que sie