Christina leyó aquellas palabras a la par de sus sollozos, advirtiendo que las sienes le palpitaban lancinantes. "Por supuesto que está preocupado. Es un hombre increíble" pensó, tomando asiento en sofá para escribir una respuesta. "Disculpa por no contestarte el teléfono. Estoy bien, no tengo que perdonarte nada, no hiciste nada mal. Por favor, Perdóname, discúlpame también por hacerte pasar un rato pésimo".
"No tienes que pedirme disculpas por nada, hablemos por favor, dime qué sucedió".
La a