Entonces, las cosas se salieron un poco de control, ella quiso resistirse, evitarlo a toda costa. Respiró profundo, enterrando la cara en el cuello de él, que estaba concentrado en cogérsela de la forma más deliciosa que un hombre había hecho antes. Christina apretó los dientes, contuvo la respiración, oprimió los parpados, cerrándolos hasta que no pudo más. El primer murmullo no fue percibido por él, lo dejo pasar, sin embargo, tras un par de segundos de lo que parecían jadeos ahogados, Santia