Christina acomodó los codos sobre las rodillas y escondió la cara entre las manos, sentía
muchísima vergüenza con Roswel, con Santiago, tenía pena ajena. Su madre era un ser
despreciable, ruin y repugnante. Tenía ganas de volver a su apartamento, olvidar que la había parido y abofetearla. Sintió impotencia, rabia, angustia, una vorágine de sentimientos que la sacudían llevándola por los rincones del odio y la amargura.
-¿Dónde está? Necesito verlo, por favor.
-Solo sé que está con su familia ma