Samantha estaba preparándose un bocadillo cuando sintió un leve dolor en el vientre —no más fuerte que cuando su hija le daba una patadita. No duró demasiado y volvió a lo suyo en cuanto pasó.
Unos veinte minutos después, mientras estaba comiendo, volvió a sentir el mismo dolor. Al igual que la primera vez, no duró demasiado, pero esta vez despertó sus sospechas. Aunque faltaban algunos días para su fecha de parto, la doctora le había explicado que no sería nada raro si se adelantaba.
Se prometi