—Tal vez no debería ir —comentó Samantha mientras salían del edificio en el que vivían.
Giovanni se detuvo y la tomó del rostro con delicadeza.
—Ángel, a mí no podría interesarme menos lo que vas a llevar en nuestro gran día, podrías ir en pijama y yo sería feliz.
Samantha sonrió.
—El pijama no suena tan mal.
—Sin embargo, quiero que sea el mejor día de tu vida y que cada detalle sea perfecto. Así que, ve y diviértete. Pruébate todos los vestidos de novia que quieras hasta que encuentres el