Giovanni besó a Samantha en la frente y, asegurándose de no hacer demasiado ruido, salió de la habitación. Ella estaba descansando, lo necesitaba después del arduo esfuerzo que había puesto para traer a su hija a este mundo.
Su mujer era valiente y fuerte.
Todavía era capaz de escuchar sus gritos y maldiciones. Se había sentido impotente sin poder hacer nada más que mirarla.
No encontró a ninguno de los miembros de su familia en la sala de espera. Sonrió. No era difícil adivinar donde estaban.