Samantha sonrió en cuanto vio aparecer a su padre.
—Hija. —Su padre se detuvo y dejó su maleta en el suelo antes de envolverla en un abrazo—. Mi pequeña y preciosa hija —dijo y la besó en la cabeza—. Gracias por venir.
Desde la primera vez que lo había visitado, había ido a verlo cada dos fines de semana, sin falta. Aunque había faltado a la última visita debido al nacimiento de su hija, nada la habría detenido ese día.
Su padre lo había logrado. Esa mañana había sido dado de alta oficialment