Samantha agarró su celular mientras le daba los últimos detalles a su diseño. Sonrió al ver el resultado final, le encantaba.
—Buenas tardes —contestó sin mirar el identificador.
—Samantha, soy Viola.
Su sonrisa desapareció y perdió interés en el dibujo sobre su escritorio.
Había pasado tres días desde que vio a Viola en la fiesta de Lara. No esperaba su llamada, ella nunca llamaba. No la había llamado en ninguno de sus cumpleaños, ni cuando se graduó en la escuela de modas, ni en ningún otro e