Capítulo 64:
Nicolás Ortiz
Corté la llamada y arrojé el teléfono sobre la cama deshecha. El silencio del penthouse, que hacía unos minutos se sentía jodidamente pacífico, ahora apestaba a emboscada. Me pasé una mano por el rostro, sintiendo la mandíbula tan tensa que me crujieron los dientes. Miré las sábanas de seda donde, hacía menos de tres horas, Isabel se arqueaba debajo de mí, gimiendo mi nombre con una sumisión que me había volado la cabeza.
¿Y ahora resultaba que su firma digital abría