Nicolas Ortiz
El peso de las puertas dobles de cristal al cerrarse detrás de nosotros me dejó una sensación de ligereza que no recordaba haber sentido jamás. Caminé por el pasillo del piso ejecutivo manteniendo el paso firme y la mandíbula relajada. Llevaba una mano metida en el bolsillo del pantalón y el saco azul marino abierto, pero por dentro mi cabeza era un hormiguero.
Haber puesto mis cartas sobre la mesa, mirado a mi padre a los ojos y admitido sin orgullo que amaba a Isabel García habí