Nicolás Ortiz
El silencio de mi oficina los martes por la mañana solía ser mi activo más valioso, pero hoy se sentía denso, casi opresivo. El sol apenas comenzaba a filtrarse a través de los grandes ventanales de Acoley & Legal, dibujando líneas doradas sobre el suelo de madera noble e iluminando mi escritorio, donde cada carpeta, bolígrafo y dispositivo permanecía milimétricamente alineado. Pasé una mano por mi barbilla, forzándome a enfocar la atención en los informes financieros que tenía ab