Nicolás Ortiz
Dejé el vaso de whisky sobre la mesa de cristal con una lentitud que sabía que la haría temblar. El sonido del vidrio chocando contra la superficie apenas fue un eco sordo sepultado por el bajo intenso de la música, pero para mí fue el inicio de la cuenta regresiva. Me puse de pie de un solo golpe, ignorando por completo a Mauricio y a Federico, quienes seguían riendo a mi lado, ajenos al sismo que acababa de derribar todas mis estructuras.
—Oye, Nicolás, ¿a dónde vas? Si apenas a