Isabel García
Caminé por el pasillo de Acoley & Legal sintiendo que cada paso que daba con mis tacones retumbaba en mis oídos. El silencio del bufete a estas horas se sentía pesado, como si las paredes supieran exactamente lo que acababa de pasar en esa oficina. Llevaba puesta una americana negra que me quedaba un poco grande; María la había dejado en mi oficina y gracias a Dios para que nadie viera el desastre en el que se había convertido mi blusa de seda.
Me crucé con Elena cerca de la recepc