El silencio es lo primero que me mata.
No por miedo. Por comprensión.
Mi tía no está muerta. Imposible. Lo veo en los ojos de Christian mientras su cuerpo se transforma nuevamente, jadeante, cubierto de sangre que no es la suya. Su expresión dice lo que sus labios tardan en pronunciar: algo está mal. Muy mal.
—Lina —gruñe, extendiéndome una mano—. El relicario. Ahora.
Pero antes de que pueda responder, el aire alrededor nuestro se quiebra.
Los cazadores ancestrales que hace segundos estaban inm