El relicario ardía contra mi pecho como una brújula que palpitaba con propósito.
Corremos a través de los pasillos subterráneos, Christian y yo lado a lado, la manada iba detrás de nosotros formando una marea de poder y determinación. El aire espeso de Valdoria vibra con la energía de miles de lobos preparándose para la batalla. No hay tiempo para dudas. No hay espacio para el miedo.
Solo hay guerra.
Cuando salimos a la primera línea defensiva, el caos me golpea como una onda expansiva.
Los exp