El Génesis de Obsidiana no era la misma nave que escapó de la Tierra años atrás. Thorne la había recubierto con placas de cristal reactivo de las minas profundas de Argentia, y Alistair había infundido su casco con una red de nervios de plata. Mientras la nave abandonaba la atmósfera, dejando atrás la Ciudadela sumida en un silencio tenso, el cielo parecía desgarrarse ante ellos.
La Cicatriz de Oro no era un objeto físico. Era una herida en la membrana del espacio-tiempo, un tajo de luz dorada