El silencio que siguió a la caída del Sastre Original no fue el de la paz, sino el de la transformación. Argentia ya no era el refugio secreto de un rey vampiro y su esposa; era un mundo que había probado la divinidad y, como toda droga potente, el efecto secundario estaba empezando a manifestarse.
Julian Vance caminaba por los jardines del palacio, observando cómo las flores de cristal habían cambiado su tono. Ahora emitían un pulso violeta, el color de Elias. Sus heridas físicas habían sanado