El cielo de Argentia se había transformado en un lienzo de pesadilla. La atmósfera, antes violeta y dorada, estaba ahora cuarteada por líneas de fractura blancas donde el Sastre Original hundía sus agujas cósmicas. La Ciudadela temblaba, no por un sismo físico, sino por la disonancia cuántica que la entidad emitía. Los ciudadanos, ahora despertados como "Argentinos" psíquicos, observaban desde las plazas cómo sus tres protectores se elevaban para enfrentar lo imposible.
Julian Vance lideraba la