Mientras el humo negro de la sonda se disipaba en el horizonte, Julian Vance no regresó a sus aposentos. Se dirigió directamente a los niveles inferiores del Génesis de Obsidiana, el vientre de la nave que ahora servía como arsenal y centro de mando. Allí, el sonido de los martillos rúnicos y el zumbido de los cortadores de plasma llenaban el aire.
Valerius lo esperaba junto a una fila de armaduras recién forjadas. La tensión entre ambos, que casi estalla en un duelo de sangre horas antes, se h