El aire en la sala del consejo de Argentia Magna era tan pesado que parecía sólido. Julian permanecía de pie frente al gran ventanal, observando cómo las naves de patrulla —pequeñas flechas de obsidiana— surcaban el cielo lavanda. La transmisión desde la Tierra seguía grabada en su retina: la Nueva Fundación Prometheus, una amalgama de odio humano y tecnología de los Cosechadores, estaba en camino.
—No podemos permitir que el pánico se extienda —dijo Amelia, rompiendo el silencio. Estaba sentad