Diez años después del Desembarco.
La ciudad de Argentia Magna no se construyó con hormigón, sino con voluntad. Los rascacielos de cristal y obsidiana se entrelazaban con los árboles milenarios, formando una simbiosis perfecta entre la tecnología de los Cosechadores y la vida orgánica del planeta. Bajo la luz eterna de los dos soles, la colonia de tres mil almas se había convertido en una civilización. Los humanos cultivaban las tierras ricas en éter, y los vampiros, ahora llamados Ecos, servían