La fortaleza en las montañas de Catskill ya no se sentía como un refugio, sino como una jaula de piedra que vibraba con una frecuencia inaudible. Tras el ataque de los brujos, la atmósfera se había vuelto eléctrica. Amelia pasó la mayor parte del día siguiente en la cama, no por debilidad, sino porque el niño en su vientre parecía estar "reordenando" su interior.
Cada vez que el Heredero se movía, las luces de la habitación parpadeaban y el cristal de los espejos se cubría de una escarcha plate