Cruzar al Reino del Nadir no fue como atravesar una puerta; fue como ser devorado por una garganta de hielo y estática. La transición desgarró el aire de los pulmones de Amelia, y durante un segundo eterno, sintió que su cuerpo se desintegraba en mil partículas de luz antes de volver a condensarse en una realidad donde el color no existía.
Cayeron sobre un suelo de arena negra y cristalizada. Amelia se desplomó de rodillas, jadeando, mientras el niño en su vientre reaccionaba violentamente al c