La calma después de la tormenta duró poco. Apenas dos noches después de su "lección", Amelia despertó para encontrar un vestido de encaje rojo sangre extendido sobre la cama. No era seda, era un tejido pesado, antiguo, que parecía hecho de pétalos marchitos. Junto a él, una máscara de plata con forma de calavera de pájaro.
—Esta noche no serás mi secreto, Amelia —dijo Julian desde el umbral. Estaba impecable, vestido de etiqueta negra, con el cabello peinado hacia atrás, revelando la dureza d