La sangre de Julian era una droga que la hacía olvidar el mundo. Mientras bebía de su cuello, la culpa se desvanecía, el miedo retrocedía y solo quedaba el inmenso alivio de ser llenada por su esencia. Cuando Julian la apartó suavemente, los ojos de Amelia brillaban con un rojo oscuro, y sus labios estaban teñidos de la vida que había tomado.
Julian la observó con una mirada compleja, una mezcla de orgullo por su poder y furia por su desobediencia. Su pulgar rozó la mancha de sangre en la com