72. Límites difusos
El silencio por la revelación de Rita se rompió cuando Jeremy apareció tras la puerta, susurrando el nombre de su esposa con angustia. Nathan abrió y el anciano se detuvo en seco, como si su cuerpo se negara a aceptar lo que veían sus ojos. La incredulidad drenó el color de su rostro, sus piernas flaquearon y tuvo que aferrarse al marco de la puerta.
—Entonces… era verdad —murmuró con la voz temblorosa.
Nathan avanzó rápido y sostuvo el brazo del hombre antes de que cayera.
—Siéntate, Jeremy.
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