11. Lealtades
Nathan mantuvo su posición en lo alto del acantilado, observando la carretera mientras la tormenta azotaba su rostro. El auto derrapó en la curva que había previsto casi al mismo tiempo en que Walter lo llamó.
—¿Qué quieres?
—Voy en camino. Así que…
—¿Desde cuándo crees que puedes supervisar mi trabajo? —gruñó Nathan, cortando la llamada, molesto.
En el fondo sabía que quejarse no serviría de nada. Sin embargo, se preguntó a qué se debían tantas medidas para un trabajo tan sencillo.
Vio cómo el