Alexander salió del baño con el rostro aún húmedo.
El cabello rubio le caía ligeramente sobre la frente y algunas gotas de agua corrían por su cuello. Pero lo primero que vi no fue eso.
Fueron las heridas.
El labio abierto.
La ceja inflamada.
El leve morado que comenzaba a formarse en su pómulo.
Un suspiro de dolor se me escapó sin querer.
—Cuánto lo siento…
Di un paso hacia él y llevé la mano con cuidado a su rostro. Apenas rocé la piel alrededor de la herida.
—No debí… —susurré.
Alexander hi