Subí al auto de Adrián sin mirar atrás.
El motor rugió y nos alejamos de la mansión.
No dije nada durante el trayecto. Mantuve el rostro girado hacia la ventana. Las casas, los árboles y los semáforos pasaban borrosos mientras intentaba controlar las lágrimas que amenazaban con salir.
No quería que Adrián me viera así.
No quería explicar nada. Solo necesitaba alejarme de esa casa.
De Alexander.
El silencio en el auto era extraño, pero no incómodo. Adrián siempre había sido así. No era de presio