Me desperté con la primera luz filtrándose por las cortinas de seda de mi nueva prisión.
La habitación seguía siendo tan opulenta como anoche: mármol, muebles de diseño, una cama que parecía flotar. Pero a la luz del día, vi los detalles.
El guardarropa, que anoche había pasado por alto, estaba ahora abierto. Me acerqué.
No había tres o cuatro prendas básicas. Había al menos quince conjuntos completos. Vestidos de cóctel, trajes pantalón de corte impecable, blusas de seda, pantalones de tela fi