El silencio después de sus palabras era tan denso que podía tragarse el sonido de mi propio corazón. Miré la carpeta de cuero negro sobre la mesa, luego esos ojos azules que no parpadeaban. Posesión. Era la única palabra para lo que veía en ellos.
Con un movimiento que esperaba fuera más firme de lo que sentía, abrí la carpeta.
No eran hojas sueltas. Era un documento legal, impreso en papel grueso y caro, con encabezados en negrita y párrafos interminables. Mi vista se fue directo a las frases