Salí del hospital con el papel de los análisis en el bolsillo.
Elvira me esperaba en la puerta. Su cara era un mapa de preocupación. Le sonreí. No le dije nada. No podía. Todavía no, hasta que todo estuviera en orden.
—¿Qué dijeron los médicos? —preguntó, mientras subíamos al coche.
—Que estoy agotada —mentí—. Que necesita descansar y comer mejor.
—Ya te lo decía yo.
—Sí, ya sé.
El camino de regreso a la mansión fue silencioso. Yo miraba por la ventana. Las calles pasaban borrosas. Mi mano desc