Al día siguiente todo parecía estar bien.
Tenso. Pero bien.
Ezra había salido temprano a resolver asuntos de la bodega atacada. Me dijo que volvería en la tarde. Que no me preocupara. Que los guardias estaban alerta.
Yo me quedé en el salón principal. No trabajé. No podía. Y Elvira me permitió tomarme el día.
Mi cabeza estaba en otra parte. En mi padre. En la foto. En su voz débil diciéndome que no fuera.
"Yo ya estoy perdido. Pero tú no."
Apreté los puños.
No estás perdido, papá. Voy a encont