Empujé a los niños detrás de mí sin pensarlo siquiera.
Mi cuerpo reaccionó antes que mi cabeza. Un paso al frente. Los hombros tensos. La respiración controlada.
Protección. Siempre protección. Ahora ellos eran la principal prioridad.
—No se muevan —les susurré, sin apartar la vista de él —. Quédense detrás de mí.
Konstantin estaba apoyado contra el marco de la puerta como si nada de esto le preocupara. Sin armas. Sin prisa. Con esa maldita sonrisa tranquila que daba más miedo que cualquier pis