Salir del hospital fue extraño.
Como si el mundo hubiera seguido girando sin nosotros… y ahora nos tocara alcanzarlo.
Alexander caminaba a mi lado más despacio de lo habitual, pero firme. Aún estaba débil, se notaba en la forma en que tensaba la mandíbula cada cierto tiempo, en cómo su respiración se volvía más pesada de lo que debería. Pero estaba vivo.
Y eso era suficiente.
No volvimos a la mansión.
No queríamos paredes que guardaran recuerdos rotos, ni pasillos que aún olieran a todo lo que