Dos meses.
Dos meses desde el caos, desde la sangre, desde el momento en que todo estuvo a punto de romperse para siempre.
Y sin embargo… ahí estábamos.
Seguíamos en la casa de la playa. Lo que empezó como unos días para recuperarnos se convirtió en semanas. En una pausa necesaria. En un respiro que ninguno de los dos sabía cuánto necesitaba hasta que lo tuvo.
La vida se volvió más simple.
Las mañanas con los niños. Las tardes en la arena. Las noches largas, tranquilas, sin disparos, sin gritos