El aire se volvió irrespirable.
No podía apartar la vista de la foto.
Stella.
Su risa congelada en el tiempo. Sus brazos alrededor de él. La confianza en su mirada. Como si ese momento fuera seguro. Como si nada malo pudiera pasarle.
Mi garganta se cerró.
—¿Qué… haces tú ahí…? —susurré, más para mí que para nadie.
Mi mente iba demasiado rápido. No encajaba. No tenía sentido. Stella nunca habló de nadie cercano. Nunca. Y yo la conocía. O al menos… eso creía.
Entonces lo escuché.
Un paso.
Luego