El silencio después de esa frase fue mortal.
Alexander sin embargo se mantuvo firme. La paz de estos días se esfumó dando paso a la desesperación.
—Iván, prepara todo. Quiero un helicóptero en veinte minutos —ordenó, ya caminando, ya pensando diez pasos adelante.
Yo aún estaba paralizada. El mundo se había reducido a una sola frase: se están llevando a mi hijo.
Alexander me agarró por los hombros. Me sacudió un poco, lo suficiente para que lo mirara.
—Reacciona.
Lo miré, pero todo estaba borros