Despertó en una cama, bajo sabanas y el crujir de madera quemándose por el fuego que caldeaba la habitación, las llamas danzaba dulcemente en la chimenea, sobre su frente una comprensa tibia.
Su cuerpo presentaba tenues hematomas por los golpes y algunos rasguños que lentamente se desvanecían auto curándose
—Tu secuestradora despertó. —podía reconocer la amargura de esa voz incluso en otra vida.
Rebeca estaba sentada del otro lado de la cama con las manso empapadas. Y quitando el paño humeo, el