-No, Alejandro -dijo Trina, con voz más firme-. No esta noche. No así.
Él la observó largo rato, sus ojos analizándola, intentando adivinar sus pensamientos. Al final, asintió despacio.
-Como desee, Trina. Por ahora.
La última frase, por ahora, era tanto una promesa como una amenaza. Un aviso de que no se rendiría.
-La llevaré de vuelta a su villa -dijo Alejandro, con un tono más neutro, aunque la tensión seguía ahí.
El camino de vuelta fue en silencio. Trina notaba cada movimiento, la cercanía