Ava no poseía el don de la adivinación, y aunque era muy observadora, nada de aquello le hubiese valido más que una prueba dada de ADN, el hecho de que Ava supiera que Conall Bach era su padre, sólo se debía a su buen oído, y a los años de abandono.
Y es que Ava creció en el orfanato, bajo el nombre que las cuidadoras le dieron, Ava, su apellido, era el mismo que cargaban todos los niños que vivían con ella, al menos hasta que una familia los adoptara, pero como a Ava nadie la adoptó, el apelli