La tarde caía sobre la mansión Bach, tiñendo de dorado los ventanales altos y los mármoles pulidos, Conall estaba de pie junto al bar, con un vaso de whisky en la mano, sin beberlo, solo lo giraba, viendo cómo el líquido ámbar lamía el cristal, y es que por supuesto por orden médica no podía beber y eso era algo que comenzaba a detestar, pero al menos disfrutaría del aroma de aquello que tanto le agradaba, hasta que el sonido de un motor caro rodando por la grava del patio delantero le anunció