El helicóptero de la familia Bach cortaba la noche como una cuchilla de acero brillante, las hélices rugían sobre el helipuerto privado del hospital Bach, un edificio que no figuraba en ninguna guía médica, pero que albergaba a los mejores especialistas del continente, y es que allí no entraban pacientes, solo ingresaban activos, piezas clave de un ajedrez que abarcaba países, gobiernos y organizaciones criminales.
Conall fue bajado en camilla, inconsciente, con el rostro pálido, el pecho aún m